De acuerdo a esto, tal vez
podríamos
decir que la forma más
eficaz para afrontar el conflicto sería la eliminación
de las fuentes que lo originan. Para ello debemos saber cuáles
son las fuentes, donde se encuentran las causas primarias que dieron
origen a esta suerte de desencuentros, desajustes, diferencias y,
tantos otros que terminan en conflicto y con la felicidad, la unión,
las relaciones afectivas y todo lo que se haya construido basado
en el amor y la confianza que dio origen a la familia.
Desde esta perspectiva, la
fuente de las causas, no está en eliminar
a las personas, tampoco está en ahogarse en alcohol o en cigarros,
fármacos y drogas, tampoco en que estas se aíslen,
ni muchos menos en hacerles la cruz y olvidarse para siempre de estas
y negar toda posibilidad de relación con cualquier situación,
evento, condición personas u otros que tengan o hayan tenido
algo que ver con quienes le hizo la cruz. La solución del
o de los conflictos tampoco se halla en mantener oculto en
el corazón
toda suerte de sentimientos y emociones encontradas contra los que
resulten “causantes” de
la situación conflictiva, pues eso terminará, en alguna
enfermedad no reversible y su mente no le dejará tranquilo,
pues esos sentimientos son como dardos venenosos que dañan
el alma y espíritu de las personas. Mucho menos está en
darle a cada cual lo que necesita para que ya no halla conflicto,
pues aparecerá por
alguna otra parte la verdadera razón o causa que los generan.
Otra perspectiva, cuando
el conflicto se considera inevitable,
teniendo en cuenta las diferencias de personalidad, intereses, necesidades,
valores, etc., las estrategias para afrontar el conflicto se centran
en reconocer cuando aflora y abordarlo con una conciencia y
visión
más amplia, identificando las diferencias y los puntos coincidentes
para llegar a acuerdos y resolver en forma pacífica para
que las partes se sietan
todas ganadores.
Una tercera perspectiva, considera
que a veces es necesario fomentar el conflicto, con el fin
de potenciar la creatividad para que surjan nuevas ideas y se estimulen
las fuerzas positivas que generen innovación y cambio. En
este caso el conflicto dejó de ser bueno o malo sino que pasó a
ser funcional, adecuado y/o productivo.
Normalmente hay un acontecimiento que lo origina y podemos referirnos
a él como la “chispa” en la que reconocemos que el
conflicto ha estallado y el momento en que los involucrados toman conciencia
de que están en OPOSICIÖN. Como dice el refrán
es la gota que derrama el vaso. Cuando hablan del problema los involucrados
se refieren a aquel acontecimiento que “lo empezó todo”;
pero; la verdad, es que resulta muy difícil distinguir su comienzo.
Además, como el conflicto siempre se trata de una relación
entre personas, suele aumentar o disminuir en intensidad, en
vez de comenzar o terminar.
No obstante, el acontecimiento
que lo “causó” es
importante, porque señala el desarrollo de la relación
y el punto en que aumentaron las tensiones. Pero, detrás del asunto
en particular casi siempre está escondida una serie de diferencias,
malentendidos y desacuerdos, que es preciso descubrir y que forman la
base y la estructura más amplia de la relación
deteriorada.
Para enfrentar el conflicto
es fundamental comprender que cada persona involucrada tiene
visiones, actitudes, valores, intereses, necesidades y una perspectiva
sobre el problema que motivan y encauzan sus acciones, las que
determinan su Posición
frente a este. Así mismo,
formó su perspectiva de acuerdo a cómo le afectó lo
sucedido. Por
esta razón, cuando explique su perspectiva siempre mezclará sus
sentimientos con los hechos; de este modo, a menudo dominarán
las emociones sobre la razón y ningún contendor o contendora
estará dispuesto/a a comprender el punto de vista de la
otra persona implicada.
En el conflicto interpersonal
cada uno/a tiene la percepción
de que la otra persona impide o dificulta la realización
de los deseos, intereses o necesidades. El conflicto estalla
cuando lo que quiero, hago, pienso o siento es incompatible con
lo que el otro quiere, hace, piensa y siente.
En esta oposición percibida se establece una relación
de poder relacionada con la influencia mutua. Una diferencia de poder
muy marcada hace casi imposible un proceso negociado para resolver el
conflicto. Por ello es preciso que otra persona, neutral, intervenga
buscando igualar el desequilibrio de poder y ayudando a las personas
involucradas a descubrir sus propias fuentes de poder. En cambio, las
amenazas, el alejamiento, el desprecio, la indiferencia, u otros, sólo
aumentarán la tensión y empeorarán la comunicación.
No hay que juzgar a las personas.
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